Obviamente ni lo intenté. Para comenzar porque son niños, y no ven las cosas como nosotros, no lo entenderían. Y para seguir porque no era el momento ni el lugar. Dejando de lado el factor de que si realmente la llegarían a entender, a los pobres se les quitaría esa sonrisa al momento. Pero cada vez que veo a los niños jugar, divertirse, hacer comentarios sobre la vida no puedo evitar sonreír. Y es que los niños ven la vida con alegría, poco les importa lo que les espera fuera en unos años, viven el presente, aprovechan cada día jugando y divirtiéndose y les encanta hacer fácil lo difícil. Aquel día entendí que la vida deberíamos verla como adultos que somos, sí, pero a veces también como niños. Porque realmente lo que merece la pena en esta vida, es ver las cosas como ellos lo ven. Aquel día vi que a veces los papeles se cambian, y que son muchos los adultos que deberían aprender de esos pequeños seres inocentes que muchas veces son los que nos dan lecciones a nosotros.
La inocencia de un niño.
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